Anahí Pérez Pavez analiza la relación entre «Tango y feminismo»

Uno de los fenómenos más notables del tango contemporáneo es el evidente ascenso de las artistas mujeres y los feminismos en los escenarios y en las prácticas organizativas de los distintos colectivos del sector. El flamante libro Tango y feminismo, de Anahí Pérez Pavez, “hace zoom” en el caso del MFT (Movimiento Feminista de Tango), pero marca líneas en común con otras colectivas del circuito y enlaza la irrupción del presente con el antecedente del tango queer, que a comienzos de siglo puso en cuestión el binarismo y los roles de género tradicionales en la danza.

El MFT es un colectivo integrado por mujeres. A diferencia de otras agrupaciones similares, como Tango Hembra, que está compuesta por músicas y que muchas veces tienen larga trayectoria identificándose con el feminismo, la mayoría de quienes militan en el MFT están vinculadas a la danza, sea como profesionales o milongueras. Y, según destaca Pérez Pavez, despertaron al feminismo con el empuje del #NiUnaMenos, y el fortalecimiento y masificación de la campaña por el aborto legal. “En 2015 sucedió el #NiUnaMenos como gran movimiento sísmico social y cultural, que hizo que muchas tangueras cobraran consciencia”, analiza la autora.

Para Pérez Pavez, mujeres de distintas identidades confluyen en la cuarta ola feminista, que se desató en 2015, aunque su manifestación organizada en el mundo del tango haya sido un poco posterior. “Confluyen cuando se designan como feministas y hacen acciones en consecuencia, así empiezan a señalar no sólo la violencia en el lenguaje, que ya era un montón, hablan también de violencias de género: abuso, acoso por parte de agresores, pasa algo distinto”.

“Me interesó el caso MFT porque es un caso casi paradigmático: ahí donde te dicen ‘el tango es recontra machista’, mirá lo que hacen estas minas ahí, feministas en pleno campo machista. Esa cosa paradójica me resultó muy rica para el análisis”, cuenta la autora. Aunque el libro se centra en esa experiencia, ella advierte que hay muchas otras iniciativas similares en distintos puntos del país.

Uno de los apartados más interesantes del libro tiene que ver con la organización hacia adentro del MFT en particular y de otros espacios de mujeres en el tango en general. Los problemas para las mujeres en el sector son los habituales –con los abusos y la precarización laboral a la cabeza-, pero más graves o aguzados que para sus contrapartes masculinas. A las dificultades para conseguir espacios se suman, por ejemplo, cachets más bajos o los músicos sesionistas que le cobran más a una colega mujer que a sus pares varones. “Todes en la cuerda floja de poder ejercer su profesión para vivir de eso, con la gran esperanza que era Europa o las giras, y ahora la pandemia desnudó que no todo es la gira”, plantea Pérez Pavez. “La perspectiva feminista que le pongo a esa cuestión de precariedad general, es que de repente las pibas que se organizaron y señalaron las cuestiones de género, de algún modo tienen un rol muy importante en lo que es toma de consciencia de organización política”

“En un punto, hablo de los problemas del feminismo en el tango, que tienen que ver cómo nos organizamos, porque pasar de la reivindicación a la política o al derecho tiene que ver con instancias organizativas que requieren cierta jerarquización para que no quede en la nada, que no vuele con el viento lo que decimos, para que se afiance. Y eso sólo te lo puede dar la organización, que no puede ser sólo asamblearia, sin renegar tanto de referentes y liderazgos, que son necesarios para avanzar, porque más organización formal otorga más poder en la correlación de fuerzas para conquistar más derechos”.

Una de las acciones más resonantes de las que emprendió el MFT en estos tres años de existencia fue la elaboración de un protocolo de actuación para casos de violencia machista en las milongas. Más allá de algunos rechazos aislados, el trabajo fue bien recibido en muchos espacios. Para muchos, era necesario, pues había muchas dudas en cómo reaccionar ante estas situaciones. El MFT también montó un espacio para recibir denuncias de violencias y realizó diversas intervenciones en apoyo a las campañas de #NiUnaMenos y por el aborto legal.

“El tango feminista no es una categoría estática”, advierte Pérez Pavez. La frase atiende el desconcierto de quienes, en el sector, jamás tuvieron un acercamiento a las cuestiones de género. Sirve, también, para entender que lo diferencia del tango queer. “Si el tango queer era un ghetto, era por las características hostiles en las que irrumpió con su ruptura. Pero no va a funcionar así porque el tango feminista no es una etiqueta, o lo es sólo para nombrar algunas prácticas, entenderlas y asirlas. El tango feminista tiene que ver con incorporar una perspectiva y modo de ver las cosas, una mirada crítica y política que plantea hacer ciertos cambios”, explica la especialista. “Acá no hay ghetto. Al contrario, se incorpora la perspectiva de género en distintos grupos: por ejemplo, en la unión de colectivos tangueros”, plantea.

Pérez Pavez explica la consolidación e influencia de los colectivos feministas por un contexto favorable de la sociedad argentina en general. “Desde 2015 hasta hoy hay otra mirada de qué es el feminismo, ahora ya hablamos de los feminismos, por ejemplo”, señala. “Hay cambios en el mismo proceso político y cultural, y el movimiento feminista conquistó nuevos márgenes de lo posible que dieron lugar a un nuevo contexto donde la perspectiva de género es bienvenida e implementada en política pública, por ejemplo. Por eso hoy esta etiqueta para asir lo que sucede como ‘tango feminista’, que es una perspectiva y unas prácticas, resulta una cosa bienvenida”.

Así, destaca, las compañeras que se sumaron a otros colectivos son escuchadas y sus observaciones atendidas incluso por varones que en otro momento no lo hubieran hecho. “Con esto no digo que todos están deconstruides, no, es un trabajo que todes estamos haciendo”, agrega. “Pero sí te diría que los varones en el tango están escuchando más”, celebra. Para Pérez Pavez no hay que conformarse ni bajar la guardia. “Que sean bienvenida la perspectiva de género no significa que no haya minorías que rechacen o trolls en los posteos. Siempre hay. También hay una cosa de qué es lo políticamente correcto y hoy está instalado, y es una conquista de la militancia feminista, que es que la violencia machista está mal. Eso puede cambiar, porque también hay núcleos duros que si cambia la política pueden dar vuelta la taba, aunque tengo la esperanza de que esto seguirá de modo positivo”.

“También veo a las músicas mucho más plantadas en producir música. Si bien ya lo estaban haciendo y no me animaría a decir que hay un repliegue de los varones, sí diría que las mujeres están componiendo muchísimo, y con otra autoestima para plantarse y decir”.

El deseo de bailar

En Tango y feminismo, su autora plantea una cuestión de base: ¿por qué una feminista se dedicaría a una danza históricamente machista? “Es una evidencia problemática”, reconoce Pérez Pavez. “Pero esto de que el tango es machista también es una construcción. Sí, históricamente lo es. Pero me parece que hay una respuesta concreta en el cómo se organiza el deseo, que es que justamente el tango está vinculado al afecto. Y el afecto se actúa, no se razona. ¿Por qué privarnos de amar el tango? ¿Por qué privarnos de disfrutar, de gozar del tango, su cadencia?”

“Hay algo del orden del afecto a lo que no vamos a renunciar ni unas ni otras y lo vamos a seguir haciendo. Ya ser feminista es un modo contradictorio de habitar el mundo. Ahí cito a Teresa de Lauretis: la arena-tango es una arena más, no es tan distinto a ser feminista y vivir en este mundo. Ya ser mujer y sufrir esas opresiones, con toda la interseccionalidad que está jugándose, es incómodo incluso al día de hoy. Sucede que nosotras ampliamos márgenes de acción. Y la utopía… es como alcanzar la libertad de ser, pero eso es para todo sujeto. Creo que no vamos a dejar de ser feministas ni de gozar el tango porque es nuestro derecho. Y a la vez no vamos a dejar de romper las pelotas, en un punto: porque ese habitar incómodo, esas contradicciones, harán que sigamos queriendo cambiar las cosas”, elabora.

Pérez Pavez milonguea hace más de diez años. “Siempre lo hice de modo muy flexible, disfruto el tango desde distintos lugares”, cuenta. Recuerda que cuando empezó a tomar clases, le significó “una transformación”. “Una venía deconstruyéndose, abriendo la cabeza, y el baile te pone en tu cuerpo, con el cuerpo en un lugar muy central. Y me maravilló al punto de escribir una novela de ficción tematizando el tango. Y ahora este ensayo”, agrega. Jamás le interesó ser bailarina profesional, aunque no faltó quien se lo sugiriera. “Lo disfruto desde un lugar relajado y también disfruto ver el arte de mis amigas, músicas y bailarinas. Cada una aporta desde su lugar: yo escribo”.

“Donde hay una educación sentimental vinculada al tango, siempre te va a remitir a algún lugar. Muchas personas dicen ‘me hace acordar a mi viejo/mi abuela/mi barrio’. Yo lo descubrí un poco intuitivamente en un viaje a Uruguay, cuando con una amiga empezamos a escuchar tango y después subimos a Internet unos videitos caseros sobre Gardel, en una cosa medio histriónica”, rememora. “Por otro lado, el tango tiene esta cosa de acercarnos. Eso que siempre decimos del abrazo del tango. También el tango tiene el acercarme al distinto: atraviesa clases sociales, orígenes geográficos, y en eso también se percibe lo distinto y ahí en ese choque de planetas se produce algo copado”.

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